El rico y los inmigrantes

En la película Django desencadenado, Samuel L. Jackson interpreta al esclavo Stephen, el mayordomo principal de una plantación esclavista y uno de los personajes más despreciables. Stephen, al ver llegar a Django como esclavo libre montado en un caballo, le dice a su amo:
—Mire amo, ese negro tiene un caballo.
—¿Y tú quieres un caballo, Stephen?
—¿Para qué quiero yo un caballo? ¡Yo lo que quiero es que él no lo tenga!

Lamentablemente, no puedo evitar acordarme de este personaje al oír algunos comentarios y actitudes de muchas personas a nuestro alrededor que continuamente arremeten contra otras personas de clase trabajadora, o contra las más débiles y desfavorecidas, culpándolas de sus problemas mientras mantienen una absoluta ceguera para ver en los de arriba, en los más poderosos (como el dueño esclavista de la plantación) a los verdaderos responsables de su empobrecimiento.
Decía ya hace años el ex Defensor del Pueblo Andaluz, José Chamizo, que él había visto a muchos comerciantes ir a manifestaciones y atacar a los vendedores ambulantes, pero nunca los había visto en una protesta contra las grandes superficies comerciales, que eran las que realmente los llevaban a la absoluta ruina.
Me cuenta mi hija su indignación por las afirmaciones de un amigo en redes sociales en las que rechaza el proceso de regularización de inmigrantes con afirmaciones plagadas de bulos (llega a decir que se les da la nacionalidad) y acusando a los migrantes de ser los causantes de los problemas para encontrar una vivienda o para obtener una cita en el médico. Una actitud racista y deshumanizada que olvida que se trata de nuestros vecinos y vecinas, que ya viven y trabajan con nosotros y tienen derecho a salir de la invisibilidad, trabajar de forma normalizada, con derechos, contrato y seguridad social, y poder recoger
a sus hijos del colegio o sentarse a tomar un café con nosotros sin sentirse aterrorizados ante una posible detención (como hemos visto en las lamentables imágenes de EE. UU.).
Mi hija le respondía diciéndole «¿Por qué atacas así al de abajo y no miras al de arriba?”, a lo que él le contestaba: «Es que arriba no hay nadie a quien culpar».
El dueño de Inditex, una de las personas más ricas del mundo, sólo entre 2011 y 2014 habría podido eludir el pago de casi 600 millones en impuestos según un informe del Parlamento Europeo.
El rey emérito se trasladó a Dubái para evitar investigaciones penales y tras realizar dos regularizaciones con la Agencia Tributaria por importe de más de 5 millones de euros por fondos no declarados.
La sanidad está siendo privatizada en Andalucía a través de empresas privadas a las que se ha dado miles de millones de dinero público en conciertos y que, ante el deterioro (deliberado) del sistema público, se están haciendo de oro con la captación de nuevos clientes que no consiguen una cita médica… Recientemente, El Diario denunciaba cómo el gobierno de la Junta de Andalucía gasta 5 millones de euros al año para derivar pacientes de Almería a un hospital privado de Murcia.
Miles de jóvenes no pueden acceder ya a estudiar en un centro público porque no hay plazas —han sido recortadas en Andalucía y buena parte de la enseñanza universitaria y grados han sido privatizados— mientras que un grupo de inversores se enriquece ofreciendo estas plazas de formación y miles de familias piden préstamos a los bancos para que su hijo/a pueda seguir estudiando.En mi ciudad, Málaga, unos cuantos fondos de inversión de multimillonarios, como BlackStone o el israelí White Investments, compran masivamente sobre planos cualquier promoción inmobiliaria que se ponga a la venta; a continuación, estos inmuebles son cerrados para especular o se ofertan exclusivamente como vivienda turística.
En el año 2025, la banca española (Santander, BBVA, CaixaBank…) rompió todos los récords y ganó más de 34 000 millones en beneficios.
Al parecer sí que hay alguien arriba… pero, para algunas personas, parece que el problema es que una persona tenga derecho a un ingreso mínimo vital de algo más de 700 € al mes para prevenir el riesgo de pobreza (y sus graves consecuencias sociales en un país con una alta incidencia de pobreza infantil, descrita por Cáritas, una de las firmes defensoras del IMV), o al subsidio de 480 € para mayores de 52 años, y nos obsesionamos con que, en algún caso, alguien pueda defraudar para la obtención de estas ayudas, como si esa fuera la excusa perfecta para justificar que dejen de existir, siendo tan necesarias para la vida de miles de personas.
Sin duda, en este tipo de actitudes hay una absoluta falta de empatía, de humanidad y de solidaridad con las personas más pobres, olvidando que, en cualquier momento, cualquiera de nosotros también puede verse en esa situación. Seguimos juzgando y acusando al prójimo y a otras personas más pobres y, sin mirar hacia arriba, a las causas y los responsables de situaciones de empobrecimiento, nos molesta mucho que el otro «tenga un caballo» y no nos preocupa lo que está haciendo el explotador y todo el
sufrimiento que está generando con su enriquecimiento. Sí que hay alguien ahí arriba al que tenemos mirar, pero forma parte de la estrategia de los fascismos que miremos hacia otro lado y nos dediquemos al lamentable enfrentamiento de los penúltimos contra los últimos…


Gabriel Ruiz Enciso
Presidente de la Coordinadora de ONGDs Málaga Solidaria

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