Es una propuesta para otro tiempo futuro. Hoy hay otras opciones más transformadoras y más orientadas hacia el futuro necesario.
Parto de un análisis estratégico de la actual lucha en esta sociedad capitalista. Estamos ante la batalla ideológica entre lo público y lo privado en el que la renta básica universal (en adelante RBU), en todo caso, no entra.
Primero hay que aclarar una cuestión: ¿se trata de un principio filosófico para una nueva sociedad o de una medida política, con sus cálculos presupuestarios e incluída en programas electorales. Porque, si de futuro estratégico se trata, en lugar de un ingreso lineal yo prefiero “a cada cual según sus necesidades”. Si diseñamos un futuro socialista cabrá una RBU además de otras muchas cosas. Pero si se trata de una medida concreta para hoy habrá que enmarcarla en prioridades.
La RBU aleja la batalla expresada en la explotación del trabajo. Incide algo en el “mercado de trabajo” pero, con el efecto discutible sobre los salarios, que analizaré. La RBU apenas modifica la estructura de poder, no pone en cuestión al empresario como exclusivo ofertador de empleo (con el poder que eso significa) ni al creciente predominio de lo privado sobre lo público. En una sociedad en la que, progresivamente, nada escapa a la voracidad de la explotación en el mercado, no niego el valor de cualquier reivindicación concreta como facilitadora de la vida de la gente, pero prefiero valorar las que aportan, además, avance hacia transformaciones más radicales.
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He leído una buena parte de los documentos y artículos que proponen una renta básica universal y creo que el objetivo de quienes, desde posiciones progresistas hacen la propuesta, es compartido con todos los que luchamos por la liberación de las lacras de este sistema. Sus defensores la definen así :
La RB es una asignación monetaria incondicional a toda la población, es decir, algo bien diferente de los subsidios condicionados a alguna circunstancia (ser pobre, estar en el paro, tener alguna discapacidad física o psíquica).
Desde posiciones simplemente decentes, nadie niega la necesidad de que la sociedad atienda las situaciones de exclusión o garantice el derecho a la vida (y vida llamada “digna”) y los derechos sociales a quienes los necesitan. Pero la discusión no es sólo sopesar las ventajas de hacerla universal y dar incluso una cantidad también a quien tenga suficiente o mucha renta, frente a otras decisiones políticas con el mismo costo.
Yo tampoco niego que la RBU tendría efectos positivos en algunos ámbitos. También puede tener inconvenientes y voy a expresar, en diversos apartados, pros y contras de esta cuestión.
A FAVOR: AÑADE LIBERTAD
Incide en lo que venimos denunciando: que la libertad política y el ejercicio pleno de la ciudadanía son incompatibles con las relaciones de dominación económica, y eso supone un avance sobre las ideas del liberalismo tradicional. Se requiere una independencia económica y eso busca la RBU dando una mayor opción de vida a la gente.
Cierto es que una retribución garantizada reduce la presión sobre los trabajadores para que acepten cualquier condición o retribución. Pero eso también se consigue teniendo, si está también garantizado, un seguro de paro universal y decente o una renta básica limitada a determinadas situaciones. En ambos casos se estará en parecida situación de libertad a la hora de entrar o salir de un trabajo asalariado. Analizo despues sus aspectos negativos.
Se dan dos argumentos ciertos:
1º.- Que la ayuda en los casos de exclusión social se concede cuando ya se ha producido y puede demostrarse. La RBU, sin embargo, es preventiva. Al ser universal, no plantea ninguna mala conciencia o marginación personal. Permite minimizar los eventuales daños psicológicos y morales al perceptor de un subsidio que puede crearle quiebra de la autoestima.
2º.- Que una renta básica de carácter no universal sino aplicable a quien la necesitase, tiene el inconveniente de exigir una gestión de las situaciones reales. Tiene defectos que siempre denunciamos y tiene además costes administrativos para determinar y vigilar las asignaciones de cada prestación. Ese ahorro es parcial, porque seguirán habiendo muchas situaciones que requieran ayudas por encima de la RBU y tendrán igualmente que valorarse y justificarse. Por otro lado, no creo que el empleo y gasto determinado por ese control sea tan determinante.
LA BATALLA DE LOS SERVICIOS PÚBLICOS
Si de lo que se trata es de que los ciudadanos incrementen su libertad por tener garantizadas sus necesidades, hay que entender que LOS SERVICIOS SOCIALES Y PÚBLICOS SON UNA RENTA INDIRECTA UNIVERSAL Y BÁSICA, (puesto que afectan a necesidades básicas del ciudadano), en el sentido de que si no existieran tendrían que costearse individualmente mediante las rentas salariales u otras. La extensión progresiva de estos servicios cumple parte de las funciones que la propuesta de renta básica sin NINGUNO de los inconvenientes que algunos encontramos en ella. Son una especie de RBU “en especie” contra la que los poderosos batallan con gran sentido de clase. La prueba es que esos derechos a lo común, más que avanzar, están hoy retrocediendo.
Más allá de las habituales sanidad o educación (sectores en los que hay todavía mucho que invertir para garantizar auténtica gratuidad y calidad), hay muchos ejemplos; como dedicar más que hoy los ingresos públicos a la gratuidad o fuerte subvención del transporte público, (que tiene impacto en el medio ambiente y beneficia fundamentalmente a las capas populares); Invertir en el mercado de la vivienda con las medidas que requieren medios; dedicar ingresos públicos a municipalizar y subvencionar los servicios de recogida de basuras, alcantarillado, etc reduciendo las tasas (habitualente lineales) y sustituyéndolas por financiación a traves de un impuestos progresivos. Crear una banca pública o médios públicos de comunicación…. Hay muchos más, y todos los movimientos sociales nos darían un ámplio catálogo reivindicativo de urgencias para las que siempre argumentamos que se necesita una mayor imposición, más justa y progresiva.
Como leo y entiendo que se trata de una medida política que se cuantifica e incluso se propone a los partidos para su inclusión en los programas electorales, no hay que olvidar que estamos en el capitalismo. Esto nos lleva a un problema para la RBU: garantizar que convive (pero compite por su financiación) con muchas otras de nuestras demandas económicas, de inversión y de políticas concretas. Y eso, en un mundo en el que esos derechos están en decadencia y progresan las privatizaciones. De eso se trata, y por ello, defiendo que la opción de los servicios públicos es la estratégicamente necesaria, mucho más que la RBU. Además de recursos para los servicios publicos, también necesitamos ingresos públicos para desarrollar la ciencia, proteger la natraleza, políticas de solidaridad internacional …. etc. Incluso se necesitaría dinero para nacionalizar sectores estratégicos.
La esencia del capitalismo es privatizar todo lo común y todo lo anterior sí disputa poder al capital. Y esta es la clave para quienes queremos superarlo.
Porque la reducción de lo público es el objetivo confesado de los neoliberales o los magnates reunidos en el Foro de Davos. Vienen a por todo lo común para convertirlo en negocio. Es urgente pararles porque el futuro para nuestra vida y para el planeta es revertir esa tendencia. Desde luego que si gobierna la derecha ese riesgo se acrecienta. No les preocupa que les dejemos ese espacio a cambio de una renta básica. En su filosofía, si la gente ya tiene “EL DINERO EN SU BOLSILLO”, ya se encargarán ellos de explotar nuestros consumos y nuestro trabajo. Es el argumento más peligroso y querido por los neoliberales, y ese es un peligro al que es fácil que empujen las derechas que gestionen una RBU. No olvidemos las propuestas en el sentido de un “cheque escolar” (básico y universal) para el pago de la enseñanza y luego que cada uno suplemente lo que quiera y donde quiera. Tambien prefieren que le demos dinero a los jovenes para complementar la compra o alquiler de vivienda antes de que ese dinero se dedique a construir vivienda pública, que les disputa ese negocio.
Su utopía son las empresas de plataformas en red, no tienen que poner más que una aplicación. Su paraíso sería una ciudadanía subsidiada suficientemente como para poder consumir su producción automatizada y sus servicios. La contradicción capital-trabajo se reduce en el debate social y se sustituye por el debate político en el reparto de impuestos o subir o bajar esa RBU.
Por el contrario, siempre hemos defendido lo público como un elemento de socialización y de igualdad. Un futuro socialismo tendrá una RBU, junto a otras cosas. Y tendrá unas u otras formas de trabajo y de retribución o atención de sus ciudadanos, pero seguro que acrecentará el peso de los servicios, actividades y patrimonios públicos. La pregunta es: ¿Cuál de nuestras reivindicaciones avanza en esa dirección?.
EL TIEMPO DE TRABAJO EN EL EMPLEO
Todos los trabajos sobre RBU parten de un análisis de las consecuencias que está teniendo la transformación del trabajo asalariado, y así debe hacerse. Le dedicaré al tema unos párrafos y diferenciaré el trabajo como algo mucho más ámplio que el empleo.
No sacralizo el trabajo (menos el asalariado), pero también está en muchos casos la conciencia de participar en las tareas necesarias para la sociedad (como el trabajo de cuidados personales y sociales) y muchas veces gratificantes.
Algunos paladines del sistema actual (1) vienen reconociendo que nos encaminamos a una sociedad con un 20% de individuos suficientes para el funcionamiento de lo esencial del sistema económico (y por tanto dotados de trabajos llamados “dignos”) y un 80% restante en actividades irrelevantes, empleos precarios, penosos e inseguros. Aún más, se asumen elevadísimas tasas de paro estructural. Es discutible esa hipótesis, en primer lugar porque ello ocurriría si el trabajo dependiera sólo de la demanda del capitalista. Aunque no se niega que queden muchas actividades que no harán los robots y que aparezcan otras nuevas y en general, mejores, no creo que compense completamente el espectacular incremento de productividad a causa de la automatización y el desarrollo técnico con la inteligencia artificial, que afectará no sólo a los trabajos mecánicos. Desde la izquierda se está planteando este debate como esencial, unido a la aparición de nuevas formas de trabajo. A esa situación le sumamos que se han incorporado más de mil millones de asiáticos al ejército laboral del capitalismo. Mi propuesta es independiente de que, finalmente, sea una u otra la dimensión de los puestos de trabajo. (2)
No es que los robots sean productivos, sino que los humanos que diseñan, manejan y reparan robots son más productivos que quienes manejan otras herramientas menos eficaces. No es la primera vez en la historia que los humanos se benefician, con mínimo esfuerzo, de la naturaleza y los animales como elementos productivos y luego de máquinas cada vez más sofisticadas.
La extensión de las potencialidades del nivel de desarrrollo de las fuerzas productivas permitiría cubrir sobradamente las necesidades de todas las poblaciones con una enorme reducción de lo que se llama “trabajo productivo”. Debemos considerar también el derecho de toda la humanidad a participar del conjunto de las actividades, no miremos sólo el ombligo de nuestras sociedades enriquecidas.
La RBU parece asumir la existencia de un ejército de desempleados y conformarse con paliarlo. Pero no se trata de liberarlos de presión, sino de que NO EXISTAN parados (si son forzados) habiendo además muchas actividades de utilidad social no atendidas.
En un futuro algo más lejano, ese ejército de los despectivamente llamados “inútiles” a la sociedad, innecesarios y al principio subsidiados por una RBU, es la antesala de la profunda segregación respecto a la élite que se beneficiará de los grandes avances de la robótica e inteligencia artificial. Necesitamos otro camino.
Por tanto, la medida que realmente transforma esa realidad y modifica la actitud de la persona frente al trabajo y frente a la vida en general, es la DRÁSTICA REDUCCIÓN DEL TIEMPO DEL TRABAJO ASALARIADO Y EL REPARTO DEL TRABAJO.
Esta medida me parece la sustancial.
La reducción de jornada y reparto del empleo sí que genera libertad y tiene un beneficioso efecto suplementario sobre la vida de la gente (que es lo importante), y sobre la sociedad. Porque, si de libertad hablamos, la reducción del tiempo de trabajo asalariado supone reducir el tiempo alienado, “esclavo“ del trabajador y permite su posible dedicación a si mismo (reivindico el ocio) o a tareas comunes o sociales, que también hay que repartir. Es importante poner en valor el importantísimo trabajo no remunerado, (reproductivo o de cuidados) que la reducción de jornada y el reparto del tiempo de trabajo pondría en primer plano, colaborando con la importante reivindicación feminista de su reparto.
Para reducir el tiempo de trabajo es necesario repartirlo mediante la creación de empleo, no mediante ayudas a “los emprendedores”, sino empleo público.
EL EMPLEO PÚBLICO
Nos machacan a diario con que “los empresarios son los que crean puestos de trabajo”. ¿Quién ha dicho eso?. Además de los autónomos y otras formas cooperativas, está el tan denostado empleo público. Los empleos promovidos por los poderes públicos, de los que hemos hablado antes, tienen ventajas. 1º.- Pone en valor las actividades de interés social sobre las que actúa y que el mercado desprecia (servicios públicos; cuidado y replantación de los bosques, etc). 2º.- Reduce a la baja las cifras de desempleo y, por tanto, incide también en ese mercado de oferta y demanda, pero en la buena dirección, tendiendo a subir los salarios por encima del público. 3º.- Crea riqueza, pero reconociendo el papel de la soberanía democrática en los objetivos. Grandes planes de empleo público transforman la sociedad, en disputa frente a la explotación privada.
SALARIOS Y RELACIONES LABORALES
Es obvia la mejora de la RBU para las personas que no tuvieran ninguna otra retribución. Pero veamos el efecto sobre los trabajadores. Sus defensores hacen mucho incapié en que una persona que reciba RBU está menos chantageada y más dispuesta a renunciar a su salario. Pero también tendrá menos incentivos para exigir que éste aumente, (aunque los patronos desean que tengamos mucho de ese estímulo y para ello está la ideología consumista) o incluso pueda aceptar alguna reducción o algunos incumplimientos legales. Un asalariado, incluso el que perciba 1200€ de salario mínimo, si de pronto recibe 800€ de RBU, quedará encantado, y menos incentivado para luchar por la subida de su salario que si su vida dependiera de él. Si el salario queda como un COMPLEMENTO (aleatorio) de la renta básica (fija) el empresario aplaude con las orejas.
Estamos en el capitalismo.
Por todo ello, pienso que se tendería a reducir los salarios sabiendo, ambas partes, que hay un suelo sobre el que suplementar la retribución. Pasa con las ayudas al alquiler de vivienda. También está demostrado en otras subvenciones.
La RBU traslada al Estado la responsabilidad que tiene el empresario de repartir el beneficio o, cuanto menos, garantizar mediante el salario la vida del trabajador. En esa línea va la propuesta que tenía Ciudadanos de un suplemento salarial pagado por el Estado (una especie de renta básica). Propuesta envenenada que en su momento denunciamos porque significa aceptar los actuales bajos salarios y mantener e incluso elevar la tasa de ganancia del empresario ¡a cargo de los impuestos!.
Interesante debate que nos lleva a:
LA FINANCIACIÓN
Yo no niego que pueda financiarse la RBU.
Siempre se plantea sobre la base de un nuevo sistema fiscal, pero ya hemos dicho que para todo se pide ese aumento de ingresos derivados de una reforma fiscal, y no solo para los servicios públicos actuales y los que demandamos y hemos enumerado en un apartado anterior, sino también para otras opciones tan importantes como esa, como nacionalizar sectores estratégicos, dedicarse a incentivar mayores reducciones de jornadas, o para financiar planes de empleo por los poderes públicos, ambos a los que antes me he referido.
Claro que cualquier aumento de la progresividad es defendible. Pero es la batalla de la lucha de clases y, en lo concreto, tendremos que valorar nuestra capacidad de hacerlo.
Veamos cuanto se puede llegar con la progresividad fiscal:
1º. Subirla ya es una necesidad hoy sin que exista de RBU.
2º. Subirla más para compensar el beneficio a los empresarios provocado por la RBU.
3º. Subirla aún más para compensar la RBU que se entregó a quien no la merece.
…. Y ya hoy nos acusan de impuestos confiscatorios. ¿Qué es justo?, sí, como todo lo que debería ser cuando tengamos poder para ello.
Para colmo, he leído, entre los promotores de la RBU ((no se si esta propuesta es general)), que se plantea la aplicación de una tarifa única del 49% en el IRPF. ¿Por qué se desprecia la progresividad constitucional?. En esa situación, no creo que pueda evitarse un arco de tipos para garantizar la necesaria progresividad fiscal, porque si no, una persona que tenga, por ejemplo, 700 € de RB, necesitará trabajar, pero malamente si el fisco se lleva el 49%.
PROBLEMAS CONCRETOS
Para financiar la propuesta algunos plantean quitar desgravaciones al IRPF. Pero la retirada de desgravaciones puede ser perjudicial porque muchas deducciones tienen componente social (aunque dependen del carácter político del gobierno que las decida). Los gobiernos deben utilizar los impuestos y tasas, con gravámenes o con deducciones, como forma de incentivar o penalizar aspectos de la economía (un pequeño ejemplo: incentivar energías limpias; gravar la contaminación ….)
Varias propuestas de RBU plantean el ahorro que significaría la desaparición de aquellas prestaciones que hoy estén reconocidas por un valor menor al de la RBU. Error, porque habrá que reconocer los peligros que significa reunir derechos varios (como seguro de desempleo, ley de dependencia, jubilación y otras). Reunir en una sola RB prestaciones muy variadas es cómodo, pero también es injusticia el trato igual a necesidades desiguales por situaciones concretas.
Otra cuestión es que, a diferencia de los incrementos de servicios públicos, de las reducciones de jornada, o de la dimensión de cualquier plan de empleo público (que son todos ellos escalables), la RBU tiene el inconveniente de ser un nuevo concepto que requiere afectar a otros varios y, por tanto, una aplicación prácticamente de golpe, puesto que en cantidades pequeñas ni puede sustituir a otros conceptos ni tiene valor alguno sobre las relaciones laborales. Por tanto, no concedo valor a los programas piloto..
ENTORNO MUNDIAL
Esta es una cuestión no menor.
La primera cuestión a debatir es a quién va dirigida esta propuesta.
- a) ¿A una sociedad “avanzada” que, tras garantizar los servicios públicos y sociales, dé el paso delante de garantizar una cantidad para el consumo por el simple hecho de pertenecer a una colectividad que se lo puede permitir?. ¿Estamos ante una medida que anuncia cómo sería el futuro socialismo?. Lo que lamento es que, por el contrario, estamos ante una medida de política concreta para hoy, y por tanto en el marco del sistema.
No es casualidad que, en general, los ejemplos de RB que se atisban, se dan en territorios con grandes posibilidades económicas, o se han dado como incentivo a la repoblación. Las experiencias “piloto” naturalmente que provocan mejoras en los receptores, pero no aclaran las impungaciones de fondo que aquí planteo.
- b) ¿Es también una opción para países empobrecidos? (no me refiero a sociedades precapitalistas o tribales). Es cierto que en ellos, normalmente acuciados por altos niveles de desigualdad, la lucha contra la pobreza y el hambre puede tener otras urgencias al no tener ni siquiera estructuras de recaudación y redistribución fiscal que permitan aceptar el carácter universal de la RBU. Así, en Brasil, sólo se plantea para la gente necesitada.
Parece claro que se trata de la primera opción. Si es una reivindicación correspondiente a una fase del capitalismo en sociedades desarrolladas, en un mundo en el que crecen las desigualdades dentro de los países y entre países, la clave es si colabora o no al necesario cambio de paradigma y a las transformaciones de fondo que necesita la crisis del capitalismo en su debacle ecosocial.
Es necesario analizar la RB en un entorno internacional. Si nuestras sociedades ya son un paraíso respecto a aquellas en la que las personas se juegan la vida para venir, una renta básica sería un incentivo más a añadir a esos derechos que desde sus países de origen se entienden como fantásticos. En un planeta con movimientos migratorios inevitables no hará falta siquiera la espectativa de encontrar trabajo para jugársela en llegar a una sociedad en la que con una RB tiene ya una vida muy superior a su retribución de origen. (3)
Aunque sea un ejemplo específico, la implantación de una RBU en un lugar como Alaska para atraer emigrantes demuestra que sí tiene el efecto llamada que se busca.
Parecería entonces que la RB sería más aplicable en un (indeseable) mundo más cerrado, porque la RB debe responder a un interrogante: ¿Cual es considerado el universo de beneficiarios?, ¿todo el que pise el territorio?, ¿residentes legales?, ¿sólo nacionales?. El riesgo de mantener un ejército de “sin papeles” sin renta dásica y con salarios de miseria sería preocupante.
Antes habría que dedicar recursos (otra vez recursos) a políticas de cooperación y a asumir que habremos de abordar la pérdida de nuestros beneficios de la explotación de esos países.
EN DEFINITIVA:
He hecho algunas críticas a aspectos concretos y valorado que con la RBU se obtendrían beneficios, pero como se plantea como una reivindicación concreta para hoy (con sus cifras de costes), no compensan sus inconvenientes respecto a otras medidas. Nos encontramos con la necesidad de priorizar la importancia de nuestras batallas. No desprecio ningún avance parcial en los derechos de la gente, pero me interesa valorar también las reivindicaciones concretas en la medida en que colaboren o no al objetivo de avanzar en la estratégia.
La RBU es, para mí, uno de los aspectos y transformaciones necesarias que tendrá otro modelo de sociedad que reivindicamos (le llamábamos socialismo). Se puede decir que muchas de nuestras reivindicaciones sólo tienen respuesta cabal si una nueva correlación de fuerzas las impone, pero, en el mundo hoy, esta es una batalla inconveniente porque incide negativamente en la contradicción principal con el capital.
Incide en lo individual y privado y eso explica la aceptación del concepto por parte de algunos economistas conservadores. No hay un solo capitalista partidario de potenciar los servicios públicos de gestión pública y sí muchos partidarios de la RBU.
Los defensores de la RBU dicen que es suplementaria a la defensa de lo público, pero el capitalista es el que manda y prefiere, para distribuir los impuestos (que busca cada vez más escasos) poner “EL DINERO EN EL BOLSILLO DE LOS CIUDADANOS” y profundizar en las privatizaciones de todo lo común. Luego ESA es la batalla. No la RBU, que aplicada dentro del sistema no disputa espacio real al capitalismo y, por el contrario, adormece su puesta en cuestión.
Quienes protagonizaron elaboraciónes filosóficas sobre que el capitalismo sería el sistema final, se apoyan en esa sociedad en la que crecen gigantescas empresas y fondos de inversión que aceptarían que el Estado se dedique a subsidiar el consumo, quedando la batalla en el tamaño más o menos miserable de dicha renta pública.
Por último, la alternativa no es el abandono de los desfavorecidos. Todos tienen derecho a una vida digna. Hay diversas propuestas de una renta garantizada que cubra sus necesidades básicas, aún con las evidentes necesidades de mejora de su implantación.
Manolo N.
Notas:
*1
Elon Musk (CEO de Tesla) en un informe de resultados: «Todavía hay mucha gente en la fábrica, pero lo que hacen es mantener las máquinas, mejorarlas, resolver las anomalías. Pero en el proceso de producción en sí, esencialmente no debería haber gente».
*2
“Nosotros somos en realidad los robots de este universo conectado que se despliega sin cesar y que las plataformas manipulan como un gigantesco títere. Y si las contradicciones del modelo se hacen demasiado evidentes, como sucede con la reducción del tiempo de trabajo provocada por la automatización, estas empresas no tienen inconveniente en apoyar la renta básica universal (RBU), como forma de disponer sin conflicto de la fuerza de trabajo sobrante. Eso sí, siempre que se les permita continuar acumulando rentas sin trabas, a costa de fagocitar el tejido empresarial y laboral circundante.”
Hort.
*3
Un joven emigrante piensa más en el dinero derivado del trabajo, o la RBU (incluso para repatriarlo a su familia) que en una buena jubilación.
