vigilia por Cuba ante las embajadas de EEUU

Razones de Cuba

AL MEDIODÍA | La Esquina de Razones de Cuba | Viernes 5 de junio de 2026

ESTA MAÑANA NOMBRAMOS LA ESCALADA. AHORA VAMOS A ENTENDERLA.

Porque una cosa es saber que algo ocurre y otra muy distinta es comprender cómo funciona, con qué instrumentos opera y qué busca producir en la sociedad cubana y en el mundo. Eso es lo que nos toca hacer a esta hora.

Lo que está sucediendo no es una tormenta. Es una arquitectura. Tiene planos, tiene capas, tiene una lógica interna que hay que desmontar pieza por pieza. Y esta tarde lo hacemos en tres tiempos.

LA GUERRA ECONÓMICA COMO INGENIERÍA SOCIAL

Hay una frase que no deberíamos dejar pasar sin analizarla a fondo. La dijo John Kavulich, presidente del Consejo Económico y Comercial Estados Unidos-Cuba, al New York Times: «En los últimos treinta días ha habido más destrucción comercial, económica y financiera en Cuba que en cualquier período desde 1959.» Y remató: «El Gobierno de EE.UU. logró mucho sin disparar un tiro ni poner una bota sobre el terreno.»

Detengámonos en esa segunda parte. Sin disparar un tiro. Sin poner una bota. Eso no es una descripción de eficiencia. Es la descripción de un método. Un método que no necesita ejércitos porque usa sistemas. Sistemas financieros, sistemas de pagos, sistemas de relaciones comerciales internacionales.

Mastercard ya no opera en Cuba. No porque la empresa tomara esa decisión, como aclaró su propio portavoz Seth Eisen al New York Times: el banco que gestionaba las transacciones decidió retirarse, y sin ese socio, las tarjetas dejaron de funcionar. Eso es la extraterritorialidad en acción: Washington no le ordena a Mastercard que salga de Cuba. Le crea un entorno en el que ningún banco quiere ser el eslabón que conecte el sistema global con la Isla.

Meliá salió. Royalton retiró su marca de la fachada del Hotel Paseo del Prado. El periódico El País reporta que la inversión española en Cuba cayó a mínimos históricos: en los últimos ocho años apenas alcanzó 3,451 millones de euros, con cinco ejercicios sin ninguna operación, incluido 2025. Y la presión sobre las empresas españolas no viene solo del deterioro económico interno. Viene de Washington: mantener operaciones en Cuba implica arriesgar el acceso al sistema financiero estadounidense. No se sanciona únicamente a Cuba. Se sanciona la relación con Cuba. Se intenta convertir a la Isla en territorio intocable para el capital internacional.

Y aquí está la clave de por qué esto es ingeniería social y no solo presión económica: el objetivo declarado no es castigar al Estado. Es hacer insostenible la vida cotidiana hasta que la población atribuya ese insostenimiento al propio Gobierno cubano y no a quien diseñó el mecanismo. Es producir desesperación, luego culpa, luego demanda de cambio. Eso es lo que Kavulich describe sin nombrarlo cuando dice que se logró mucho sin disparar un tiro. El tiro lo dispara la necesidad. El arma es el hambre y el agotamiento.

Frente a eso, la respuesta cubana no puede ser solo resistir. Tiene que ser nombrar. Exactamente lo que hizo esta mañana el canciller Rodríguez Parrilla cuando documentó que la paz es mayoría, que la soberanía es mayoría, que la intervención no es una demanda popular sino una narrativa fabricada. Nombrar el método es la primera defensa contra él.

LA OPERACIÓN COMUNICATIVA DEL CLUSTER CR

Mientras todo eso ocurría en el plano económico y diplomático, en las redes sociales se ejecutaba otra operación. El grupo Fuera de la Caja difundió un video que en pocas horas superó los 31 mil me gusta, casi dos mil comentarios, más de siete mil republicaciones y más de tres mil envíos directos. Esos números no son orgánicos. Son el resultado de una pieza construida con precisión para viralizar.

¿Qué hace ese video? Combina vocerías juveniles con estética de deterioro urbano, gorras Make Cuba Great Again, camisetas con la palabra Libertad y fotografías de personas presentadas como presos políticos. Todo en un reel de corte emocional, sin argumentos, sin datos, sin contexto. Solo imagen, música y consigna.

Eso no es comunicación política. Es ingeniería emocional. Y tiene tres objetivos simultáneos que conviene identificar con claridad.

El primero: fusionar el imaginario de la derecha trumpista con los códigos estéticos y generacionales de la juventud cubana. Hacer que una gorra con el logo de Trump parezca un símbolo de rebeldía juvenil en La Habana. Que lo que viene de afuera suene a lo que se siente adentro.

El segundo: instalar la figura del preso político como eje emocional de identificación generacional. No para informar sobre casos concretos ni para exigir garantías procesales. Para crear una imagen: el Estado cubano como carcelero de jóvenes. Esa imagen no necesita ser verdadera para funcionar. Necesita ser repetida.

El tercero: crear la sensación de movimiento, de masa, de que algo está ocurriendo desde adentro. El video no informa que algo pasa. Construye la percepción de que algo está pasando aunque no pase. Esa es la función de la guerra de percepciones: no cambiar la realidad, sino cambiar lo que la gente cree que es la realidad.

Cuando vean ese tipo de pieza circular, la pregunta no es si el video es bonito o si genera reacciones. La pregunta es qué produce en quien lo ve, qué conducta busca gatillar y quién se beneficia de que esa conducta ocurra.

LAS VOCES QUE WASHINGTON NO QUIERE QUE ESCUCHEMOS

Hay un relato que el ecosistema mediático dominante trabaja para invisibilizar: el de la solidaridad internacional activa, organizada y creciente con Cuba.

En el Reino Unido, diputados, pares y dirigentes sindicales se concentraron frente al Parlamento bajo el lema No Trump War on Cuba. Ciento diecisiete parlamentarios firmaron una moción contra las nuevas sanciones. Diecisiete dirigentes sindicales suscribieron una carta abierta alertando sobre lo que llamaron una peligrosa escalada de hostilidad estadounidense. Esto no ocurrió en La Habana. Ocurrió en Londres, frente al Parlamento británico.

La Mesa Directiva del Parlatino emitió una declaración advirtiendo sobre una amenaza real y peligrosa de uso de la fuerza contra Cuba y llamó a evitar cualquier acción militar en el Caribe. El Parlamento Latinoamericano, con su diversidad política, encontró consenso en esa advertencia.

Y en la ONU, el jefe de la Misión cubana Ernesto Soberón no negoció el encuadre. Le dijo al embajador Mike Waltz que mentía cuando afirmaba que las sanciones sólo afectan al Estado y no al pueblo. Lo llamó mentiroso patológico. Y fue más lejos: dijo que al citar al Secretario de Estado solo evidenció el aislamiento de Washington en su política criminal de castigo colectivo contra Cuba.

Esas tres escenas, Londres, el Parlatino y la ONU, dibujan algo que conviene nombrar: Cuba no está sola en este momento. Y eso tampoco es casual ni espontáneo. Es el resultado de décadas de política exterior, de vínculos de solidaridad construidos con paciencia y de una capacidad para articular argumentos que resisten el escrutinio internacional.

Washington puede sancionar instituciones. No puede sancionar la memoria de lo que Cuba representa para millones de personas en el mundo.

EL PANORAMA A ESTA HORA

Tres planos, una misma dirección: destruir económicamente, confundir comunicativamente y aislar internacionalmente. Esa es la estrategia. Y los tres planos fallan cuando se los nombra, cuando se los analiza y cuando se documenta que la respuesta existe, es organizada y viene de muchos lugares a la vez.

Eso es lo que hacemos aquí, a mediodía, desde La Esquina de Razones de Cuba. Seguimos.

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